Wednesday, November 26, 2008

Жу́ков y la moral histórica.

Zhukov no es manifestación ni eco de lo que se nombra historia; más bien ello es manifestación y eco de él. El triunfo en Berlín es dependiente de su carácter, mas no del destino. El Zhukov que ha cobrado un aire de leyenda es el que pertenece a la historia (sustantivada). Pero el Zhukov histórico (adjetivado) no tiene nada de leyenda: desde una situación precaria de inesencialidad extrajo la έντελέχεια de la victoria – esto significa que cultivó una tremenda masacre sobre una nación en complicidad con su propia estigmatización (y algunos agregarían: la estigmatización de la humanidad misma). El acontecer en el que venció Zhukov no es meramente una carnicería mejor lograda que la del enemigo; es, desde una predeterminación que sería su carácter, un acto moral: el castigo. Seguramente el mismo Zhukov no comprendía esto del todo, ya que la demostración de una superioridad en eficacia era su objetivo; no obstante, el triunfo le ganó un carácter donde quizá nunca lo habría tenido – es esto lo que lo hace incluso hoy día un elemento histórico vivo, que emerge para asaltar el presente con la intensidad de su carácter. Que su carácter histórico fue efímero (¿pues quién tendrá para sí 'eternamente' un carácter?) solo significa que no perteneció a su presente – pertenece a cada uno de nosotros que despierta ante la esencia moral de su logro. El destino de Zhukov (y el nuestro) podríamos decir que es un Ding an sich que nunca comprenderemos. Sin embargo, fenomenológicamente podríamos decir que dicho destino aconteció entre la transitoriedad del devenir fáctico que Zhukov vivió (la batalla, la guerra), y el residuo que para todo tiempo futuro es, en cada re-comprensión (re-existencia), una esencia, un eco.