El incidente de meditación se extiende hacia lo real con un vasto concepto, en función de poseer y coincidir con la estructura-tiempo de la vida. Aquí, el concepto de la vida permanece abstracto, pues nunca podría identificarse con el horizonte entero de corpúsculos extrañados que en cúmulo son vida. Y la singularidad del intento jamás podría liquidarse de su propia intensidad residual, su auto-enemistad: la sociedad.
No obstante, debajo de la raíz de la sujeción conceptual, las composiciones juicio-afectivas de una intuición contiguamente se extienden sobre lo real, proceso que desemboca en que el pensamiento se tiende sobre la esencia de la vida. Esta es la esencia que se conflagra en presencia – presencia de secreta, pero infinita, fenomenalización y desaparición. La misma esencia se despliega y se aplica en tanto que fantasma desde el fondo de la vida; y destruye cada aniquilación y cada olvido, cada irrealidad que se disipa en el despertar de lo real.
Este incremento ontológico de la complejidad racional (conceptualidad) permanece el reflejo del pensamiento – lo ajeno a la conciencia – mientras racionalmente se retiene la fuerza de un signo integrador que confunde la diferencia entre id- (ver), ídolo e idea.