Cada altercado social “en tiempos de paz”, suceso diario, es el fantasma transitorio desde el cual se anticipa la recuperación de la guerra, constitutiva de la esencia dialéctica del despertar: el emerger de lo real. En la cotidianeidad, la esencia es cosa, y el acontecer social diariamente se obtiene como un auto-τέλος ilusorio – es decir, como una reificación que, a pesar de tener una tonalidad objetiva (y “espectral”, se ha escrito), también tiene en su esencialidad de fondo, la condición de apariencia.
Mas, una categoría social-filosófica subsiste en tanto que condición de esencia; y su instancia proto-tipológica, tangible al caer la noche, es guerra (un ύπέρουσιον de la mortalidad).