La verdad no huirá de nosotros.
La idea de la verdad no parece pertenecer estrictamente a ninguna disciplina del pensamiento, ni tampoco al sentido común. Parece ser una idea sin referente particular, ni siquiera conceptual. La verdad figura como una plenitud de pensamiento y de significado vital. Al lado de conceptos como la libertad, la verdad parece tener un contenido utópico, en ocasiones crítico-emancipatorio. Pero el tratamiento filosófico tiende a asimilar la verdad a las consecuencias y desiderata del conocimiento. Revisaremos brevemente las transformaciones de la idea de la verdad en el pensamiento de Husserl, en tanto que por sí sola se divide históricamente, y abandona el ámbito lógico-epistemológico, y tiende a acercarse al interés por la definición de la vida humana.
Verdad proposicional.
A grandes rasgos, la verdad puede ser caracterizada como correspondencia entre significado y su objeto. Pero ‘correspondencia’, a su vez, debe ser concebida más específicamente como ‘coincidencia’ entre significado y su intuición de realización. Por ejemplo la coincidencia entre el decir ‘azul’ y el ‘como si fuese uno con ello que es la intuición’ (nótese que ‘como si...’ es una forma de analogía identificadora cuyo fin es imitar la ipseidad). La correspondencia se interpreta como coincidencia, porque no hay adequatio, sino una síntesis de coincidencia entre dos actos fenomenológicos. Esto es una negación del realismo que propondría un objeto enteramente independiente de la realidad de la conciencia. Aunque sí puede admitirse que la intuición obtiene su consistencia de intencionalidad realizadora por el hecho de que alcanza a tocar y ser modificada por el ser de la cosa intendida, o dicho de otra manera, por la esencia que es constituida y experimentada por la subjetividad.
Verdad categórica.
La idea kantiana de concepto puro es extrapolado al horizonte de la ontología, para contener las regiones esenciales que definen un conjunto de pensamientos que comparten un concretum y toda una serie de individua que concuerda en sus concreciones. El concepto puro, o categoría, no es el objeto de la verdad, sino que la verdad puede ser predicada de los individua que se unen semánticamente en él, es decir, en la generalidad que ellos componen. Si la generalidad es distinta de la esencia detrás del concepto puro, no queda claro qué prioridad aléthica expresan estos términos; lo único que queda claro es que la subjetividad cuyos actos constituyentes son trascendentales, a la vez de que es el fundamento límite, de la misma manera que la razón lo es.
Mas la permanencia predicativa de la verdad, aquello que le impide ser una esencia por sí sola, sino el significado que aparece con base en una esencia del mismo nombre, pero no de la misma sustancia, alude a su condición de significante y desideratum, pero no de significado. Más bien se trata de un desideratum contingente, tribalmente puesto para satisfacer una necesidad vaga de plenitud.
La verdad oculta.
En la Crisis de las Ciencias Europeas y la Fenomenología Trascendental, Husserl identifica un último límite fundacional profundo de la fenomenología: el Lebenswelt. Se trata de la confirmación estructuralmente generalizada de una sospecha de Husserl en sus obras previas: que toda afirmación fenomenológica contiene un subsuelo onto-epistemológico de presuposición no-expresada. La verdad no expresada en la filosofía de Kant es el Lebenswelt, que representa para Husserl un tipo de verdad que es pre-científica, fundamental, subiectum, hypokéimenon, diferente de la verdad mediada por los múltiples principios de realidad de las ciencias y sus verdades interconectadas. Husserl pretende así que se utilice un fundamento de verdad que es previo a la verdad intuitiva-esencial y su hipóstasis de la verdad sensorial-empírica.
Sólo en tanto que esta verdad es pre-científica podemos decir que es pre-subjetiva, pues no es propiamente un concepto.
La verdad como concepto social.
Mientras que Husserl, al igual que Platón, fue incapaz de establecer una sustancialidad finalmente positiva de la verdad, en la forma de una esencia, sí logró encaminar sus intereses cognitivos en la dirección de la esencia y la verdad de la socialidad, en defensa contra el encubrimiento científico-ideológico. Sus observaciones no tienen aun el germen de la crítica inmanente, ni un sentido de la justicia, pero representan, en la trayectoria del pensamiento más abstracto, el señalamiento de un aparente agujero negro que cubre su rostro no sólo sobre el escenario histórico, sino también entre la realidad somática del estilo cognitivo.