Wednesday, March 03, 2010

La labor filosófica de la significación.

Una realidad invertida es el fruto de la inmanencia de toda in-significación, intra-significación e id-significación. Por eso la trascendencia del sentido es necesaria – pero escasa, si hemos de concebirla en su materialidad racional.

In-significación nunca es explícita en su acto intencional y de la necesaria suposición de un subsuelo esencial que la sostiene. La insignificancia de la in-significación consiste primero en que postula una significación en-sí, sin remitir la poiesis de dicha ‘entidad’ al horizonte de ninguna frónesis, es decir, a ninguna evaluación en el orden de las aptitudes e importancias. La in-significación mantiene de sí el acto-de-cubrir, el velo siempre-ya interno-interior para-sí misma, imposibilitando la mirada sobre el doblez de la esencia contra sí, garantía de que la dicotomía teleológica / ateleológica retendrá su vigencia y así su eficacia.

Mas no es la in-significación la que activa el lastre de la insignificancia en filosofía: la interpretación subjetivista de la intra-significación, que nunca es meramente implícita, pone en marcha la estructuración de ‘fuerzas’ intra- e inter-subjetivas, en rígido contraste con toda objetividad concreta. Donde rigen las ‘fuerzas’, acaecen también las obsesiones con las ‘leyes’ (en y para-sí), o, lo que a lo mismo equivale, a las ‘contra-leyes’, y/o el ‘desorden’ des-diferenciado de ‘fuerzas’. En una realidad reificada, el dominio de las ‘fuerzas-leyes’ comparte su esencia con las ‘contra-leyes’: ambas inmanentizan su carácter réico para constituir, y simultáneamente ser constituidas, por una subjetividad y/o una inter-subjetividad que se apartan del tormento y la cruda objetividad del Lebenswelt. ‘Fuerzas’ y ‘leyes’ en y para sí, sólo pueden afirmarse a sí mismas en la negación de su concreción racional, es decir, en la imposibilidad de su descripción esencial y, ulteriormente, conceptual. La introyección intra-significativa, que toma la materialidad del signo como base para la hipóstasis de los significados y las significaciones, tornados en la aparatosa funcionalidad de ‘fuerzas’ y ‘leyes’, se obtienen en una conciencia complacida por su propio des-reconocimiento de un idealismo subjetivista, que impone una anomia supra-dicotómica e incomprendida sobre su propio espectro de lo real.

En la labor filosófica de la significación, la posibilidad de caer en una realidad significadamente invertida es ya un tema conocido desde la obra de Hegel: “…si esta inversión que se representa en el castigo del delito se convierte en ley, tampoco ésta es sino la ley de un mundo que tiene que enfrentarse a un mundo suprasensible invertido [idealista], en el que se honra lo que en aquél se desprecia y se desprecia lo que en aquél se honra. La pena… se trueca en su mundo invertido, en el perdón”. La experiencia que excita un contenido de verdad, como variación del texto citado, permite recibir, y a la vez soltar, los efectos-de-significación dependientes de una radicalización del interiorismo y del inmanentismo de la intra-significación: la id-significación. Lo interno es puesto en resolución de interiorización absoluta, de tal suerte que llega a escaparse de la interioridad misma, para diferenciarse como lo extraño y lo irreconocible. Perdido hacia lo ajeno, hacia el fantasma de lo externo, lo ya-no-interno es el sistema irreparable de la sistematicidad de los fondos de a-significación y de des-significación, que fundamentan, mediante una racionalidad protéica, pero aun analizable en principio, todas las emisiones de significación. Así, la sombra fantásmica de la ‘manipulación’, bajo el signo de la id-significación, es irreversiblemente confundida con su inversión, la ‘liberación’; y de manera similar, el fantasma del ‘cinismo’ es retomado incuestionablemente por el ‘pudor’. Donde la id-significación pretende rescatar la ‘profundidad’ de lo que es interno y ajeno a la interioridad, extrae máximas de severa superficialidad, en las que la id-significancia “está estructurada como un lenguaje”. Los conectivos, así, presentan una formalidad puntual para la reversión proposicional de las esencializaciones mediante la cópula: si ‘cinismo’ es, y/o ha de convertirse en, ‘pudor’, entonces ‘pudor’, a su vez, es interpretable como ‘cinismo’; y si ‘manipulación’ es, y/o ha de convertirse en, ‘liberación’, ‘liberación’ a su vez, es ‘manipulación’. La lógica inherente a la id-significación dicta que la esencialidad concreta, y sus dobleces, no pueden ser trascendidos por una mirada fronética, que logre discernir la abstracta mundanización de la inversión de la realidad. Es por eso que, en la inmanencia de lo invertido, la verdad no es verdad, sino que es lo que es dicho, sin la trascendencia del decir. El resultado de la inversión es que una no-identidad trans-desciende la narratividad conceptual de la id-significación: los fantasmas del bien y del mal se penetran los unos a los otros, con toda formalidad id-, intra-, e inter-subjetiva, mientras una facticidad independiente de intensidades y simulacros, rompe contra sí misma en una materialidad racional, trascendente a-y-de la subjetividad: una más cercana objetividad del sujeto.

La realidad no-invertida es habitada por sujetos que se descubren constituidos por momentos de las significaciones de la significación, y evitan a toda costa la insignificancia, y la inconsistencia de lo inmediato, lo fabulable, lo iracundo, y lo esencialmente narrativo. La significancia trascendente únicamente es tal en tanto que es racionalidad trascendental. Es decir, en tanto que es una apelación frónetica al consejo-y-el-ser, como un orden de las importancias. Tal apelación debe ser descriptible y traducible como experiencia filosófica, y finalmente significable en su contenido de verdad.