Saturday, July 09, 2011

Tres definiciones en filosofía de la mitología.

Phèdre
a) Mito:

Tras una narrativa que parece deliberadamente velada por un simbolismo equívoco, encontramos que el mito es finalmente una explicación cripto- y tipo-gráfica de los destinos. El foco simbólico ha cambiado: personas y objetos tienen una importancia muy secundaria ante los hechos y la trama de la narrativa y además puede decirse que hechos, personas y objetos son presentados con la intención de distraer del significado real del mito, el cual surge, por otro lado, en base al pensar simbólico del Destino, en su esenciarse mediante la unión inceptiva y constante de una comunidad. Cada dios o diosa, y cada instancia de lo divino, son un agente del destino latente, pero también un referente del mismo que lo propicia y que, en ocasiones, lo explica. "Todo está lleno de dioses" (panta plere theon), mas el destino no es denotado sino mostrado, de manera que es inteligible sólo a aquél que sepa leer el lenguaje cifrado de una narrativa ostensiblemente carente de dobleces. No interpretar al mito sería un error pero interpretarlo en términos de las inferencias inmediatas sería quizá un error mayor.

b) Mitología:

Como consecuencia de lo anterior, en la mitología griega, a diferencia de algunas otras, la interrupción del esenciarse del Destino por cada postulación hipostática presentada en la reformulación del mito, en cada revelación, y por cada decisión alética en que se reifica, se presenta una conclusión que discierne esencias divinas, y también lo divino por sí mismo por lo que, en este sentido, mitología es también teiología. Detrás de la narrativa está no sólo el saber iniciático sino también el nuevo cifrado establecido por el ‘mitólogo’ en su reflexión destinal. En otras palabras, hay una diferencia no sólo en el tratamiento literario del tema sino en el pathos teiológico que lo rige, el cual permanece oculta e inescrutable en su inmediatez. El hecho del oráculo más que nada subraya que el saber será eternamente ajeno, lo cual se disfraza tras la promesa de la revelación, pues ella misma está diseñada para ocultar el destino.

c) Ironía mito-lógica:

La voluntad de ocultar tiene como mejor medio a la ironía. Decir, bajo el aegis de la filosofía y de una autoconciencia mito-lógica, “esto es ‘mito’ y esto es ‘mitología’”, es tanto como decir “el mito es un mito”, con toda la ambigüedad que surge de este pensamiento, pues tiene las implicaciones de que el mito siempre será falso y sugiere que el mito no es real, quizá ni siquiera al nivel de narrativa. Es una narrativa que rechaza serlo en cuanto se postula primordialmente como una relación de hechos incontrovertibles. Tal frase connota una negatividad radical, hecha extensa en una ironía velada, donde una mitad polar del ‘mito’ significa ficción y la otra, verdad; sin percibir aún la posibilidad de un hálito de verdad-en-la-ficción. La escisión e ironía mito-lógica, no obstante, cumple fielmente un juicio inaugural, y a la vez finalizante, de simultáneamente negar y afirmar esencias divinas, es decir, dioses, bajo un complejo mítico que es denominado concepto, pero que es un concepto que escapa a toda formulación.