Las diferentes tendencias naturales del ser humano obedecen un impulso histórico a concretarse en instituciones. La familia, el estado, el hospital, la escuela, responden a intereses y necesidades esenciales a toda sociedad. Dichos intereses y necesidades se expresan como tensiones dentro de las instituciones. Podría afirmarse con toda seguridad que la universidad es la institución que cumple al mismo tiempo con la necesidad de guardar y generar el conocimiento y la reflexión a los niveles más altos, así como de formar los cuadros de individuos que permitirán a la sociedad conservarse, renovarse, y superarse. Las resistencias que al mismo tiempo transforman la sociedad también se manifiestan en la universidad. Los intereses económicos, sociales, ideológicos, científicos, filosóficos, en todos sus niveles, desde los más prácticos hasta los más abstractos ejercen sus tensiones correspondientes sobre la universidad.
La temática central del siglo XXI es muy probablemente la de decidir quién es un miembro meritorio y digno de la sociedad. Este tema ha recibido diferentes soluciones a lo largo de la historia. En tiempos del imperio romano, el individuo unitario y constitutivo de la sociedad lo era el ciudadano romano: el conferir la ciudadanía romana a todos los miembros del imperio representaba la solución a graves y amplios problemas históricos. La Ilustración y la Revolución Francesa llamaron “ciudadano” a cualquier individuo sólo por ser parte de un país (que llegó a consagrarse en la Declaración de los Derechos Humanos). En realidad pues este tema no es nuevo sino que en nuestro tiempo ha alcanzado un nivel crítico dado que diferentes individuos, grupos e instituciones se arrogan la representatividad de la sociedad en un momento en que la sociedad todavía arrastra problemas milenarios, tales como la esclavitud, al mismo tiempo que enfrenta ya los problemas que se creía que se presentarían sólo después de muchos siglos, tales como la clonación humana, el universo abstracto de la cibernética, el agotamiento del ecosistema y crisis de la salud pública en lo material y en lo moral.
La universidad como tal es una institución con cerca de diez siglos de antigüedad y que ha cumplido ampliamente con las funciones que la sociedad le ha encomendado a lo largo de ese tiempo. En el siglo XXI, la universidad, incluyendo en ese concepto a las demás instituciones de educación superior, debe seguir contando con todos los recursos para ofrecer soluciones a los problemas sociales en coordinación con otras instituciones. Esos recursos nacen de dentro de la universidad principalmente: la enseñanza, la investigación, la participación en foros públicos, dependen primero de la creatividad y el esfuerzo de los universitarios. La sociedad en este sentido reacciona a la creatividad universitaria, es decir, le da el apoyo que requiere en la medida en que la universidad asume una función de liderazgo. El gran reto de la universidad es el asumir ese liderazgo de manera efectiva por medio de retomar con mayor convicción las funciones que siempre la han definido. Paradójicamente, es con base en ser quienes debemos ser como universitarios, que comenzaremos a resolver la problemática que surge de la pregunta sobre qué o quién debemos ser como seres humanos, es decir, quién es un individuo digno y meritorio dentro de la sociedad del siglo XXI. La respuesta a la pregunta sobre la definición básica de la universidad como tal se encuentra en la historia de la universidad como institución y es allí donde debemos buscarla si es que vamos a ser capaces de ofrecer una solución a la problemática social de nuestro momento.